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Jeff Jarvis aborda en este texto las consecuencias de la apertura de los dominios de primer nivel. En poco tiempo, las direcciones de Internet que tradicionalmente han acabado en .com, .org, .es, o .uk... podrán tener el sufijo que queramos. Según su exposición, cuantos más nombres y más combinaciones de nombres, mayor será la presencia de Google. Los usuarios, ante la imposibilidad de recordar direcciones concretas, accederán a gran parte de la Red a través del buscador.
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JEFF JARVIS/ Buzzmachine.com
La identidad se acaba de complicar aún más. La Corporación de Internet para Nombres y Números Asignados (ICANN por sus siglas en inglés) ha decidido abrir los dominios de primer nivel a casi todos los sufijos que nos podamos imaginar, desde .com, .net, .org, .co.uk, etc hasta cualquier cosa. Así que se va a producir una explosión en lo que tontamente hemos dado en llamar el namespace en internet.
Por una parte, esto significa que ya no tendremos que andar raspando para conseguir una marca seguida de un .com. Pero también significa que se va a producir una estampida para crear y vender todas las combinaciones posibles de palabras (amazon.tienda, amazon.libro, amazon.todo… y Amazon se verá obligada a comprarlas todas para proteger su marca). Y nosotros, los usuarios que intentamos encontrar las cosas, podríamos acabar terminando con una confusión exponencial al tratar de recordar más combinaciones de nombres (¿dónde estaba ese tipo que no para de hablar sobre medios de comunicación: jarvis.com, jarvis.experto, jarvis.chorradas, jarvis.blahblahblah?)
¿Quién puede ganar con esto? Los que siempre salen ganando en estos tiempos: Google, por supuesto. Conozco a mucha gente que nunca se molesta en teclear una dirección de internet; la encuentran más rápido haciendo una búsqueda en Google y pinchando los resultados. Todos los caminos parten de Google.
Por lo tanto, con más confusión en los nombres, terminaremos buscando más a menudo en Google. Eso hará que la optimización para motores de búsqueda (SEO) cobre aún más importancia, puesto que las páginas web luchan por asegurarse un lugar entre los primeros resultados de cualquier término relacionado. Yo, por ejemplo, estoy orgulloso de ser el séptimo “jeff” en Google, y estoy pergeñando fórmulas para eliminar a los otros seis. Creo que pronto las empresas y las marcas empezarán a ser valoradas no sólo por su liquidez y Ebtida, sino también por su Googlejuice (posicionamiento en buscadores).
El límite del namespace ha sido el idioma. Hemos tomado cuanta palabra y sílaba pronunciable existe en cualquier lengua, y la hemos pegado y fijado a un .com. Ese es el motivo por el que hoy en día las nuevas compañías de internet 2.0 terminan inevitablemente con nombres tontos, inventados, como Dopplr, Zivity o Flickr. Internet ha estado matando vocales, sílabas y espacios en nuestros idiomas, por lo que resultaría razonable que esto dejase de suceder: Flicker.com podría cohabitar pacíficamente junto a Flicker.photo, Flicker.instantaneas y Flicker.yahoo.
Pero no. La verdad es que si dependemos de la búsqueda, dependemos mucho de nombres únicos, para que no se pierdan en las búsquedas de palabras comunes. Por lo tanto, seguiremos destrozando el idioma para crear nombres.
De hecho, vaticino que haremos esto no sólo para nuestras empresas, sino también para nuestros hijos. Todo el mundo necesita un poco de SEO en la actualidad. Si internet hubiese existido cuando nacieron mis hijos, no les habría puesto nombres corrientes (Jake y Julia), sino que seguiría el ejemplo del legendario rockero rebelde Frank Zappa, que llamó a sus hijos Dwezil y Moon Unit. De ese modo no se tendrían que pelear por tener DwezilJarvis.com, y cualquiera que buscase “dwezils” encontraría a mi retoño, espero, como mínimo en el puesto dos de los resultados. En efecto, en un mundo en el que se valoran los nombres únicos, los islandeses están fastidiados.
En los comienzos del teléfono, se asumía que no conseguiríamos recordar los números, así que las compañías telefónicas de algunos países usaron palabras para ayudarnos a recordar los primeros dígitos. KNickerbocker 5 500 era el 565 500. Ese extraño sistema se acabó cuando los teléfonos dejaron de tener letras en el teclado y los números se multiplicaron, al igual que los aparatos.
Ahora, imagínese el mundo inminente, en el que tendrá varios aparatos conectados a internet (teléfono, ordenador, televisión, nevera, coche, calefacción central, sistema de seguridad, juegos), y cada uno con su dirección única. El namespace volverá a hacer implosión, y quizás tengamos que recuperar el sistema primigenio de nombres, cuando John, que trabajaba como “blacksmith” (herrero) en la calle mayor, se llamaba John Smith. Esa será la búsqueda que habrá que hacer en Google.
[Publicado originalmente en Comment is Free]
(Traducción: Snap Comunicación)





Habría que recordar que para crear un TLD (Top Level Domain) nuevo según lo que ha aprobado la ICANN, hay que presentar un plan y tener una cierta infraestructura para mantener ese TLD, más 50.000-100.000$ de tasa para crearlo.
Vamos, que no lo puede hacer cualquiera, así que si vemos una explosión de TLDs yo creo que será en ciertas palabras comunes (.blog, .photo. .film, etc) y en abreviaturas de topónimos (.mad, .bcn, .gal, .gz)
Publicado por: Carlos Alonso | martes, 01 julio 2008 en 01:46 p.m.
A ver si es verdad que se ponen ciertas restricciones a los cazadominios, si no por mucha apertura los dominios duran dos días...
Publicado por: javivi | martes, 01 julio 2008 en 05:21 p.m.