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miércoles, 04 febrero 2009

No te quieres enterar

El periodista de El País Juan Cruz continúa su particular cruzada contra Internet y los nuevos medios en la serie de entrevistas que realiza para el suplemento Domingo a grandes maestros del periodismo. Sin embargo, no siempre las respuestas que obtiene van en su misma línea (Cruz asegura, entre otras cosas, que el periodismo digital está reñido con el periodismo de calidad). Las contestaciones de los entrevistados se acercan más bien a la opinión que mantiene otro periodista de El País, Enric González, que por cierto son diametralmente opuestas a Cruz.

Pregunta. Su autobiografía es como un epitafio de lo que fue el periodismo con respecto al periodismo que se hace ahora.

Respuesta. No lo sé. Las preguntas han cambiado. Sobre todo a causa de Internet. La instantaneidad de las noticias empezó con la televisión, e Internet es la apoteosis de lo instantáneo... La cantidad de noticias frescas es ahora menor en los diarios, eso significa algo. En la portada de The Washington Post aparecen noticias que ya se conocen, o por Internet o por la televisión. No estamos aportando nuevas historias, nuevos hechos... Por eso tenemos que concentrarnos en el significado de esos hechos que ya no damos nosotros en primer lugar; tenemos que saber si son importantes, si influyen en la historia, qué pasará en el mundo si se consolidan... Tenemos que saber eso y contarlo. Ésa es nuestra función ahora.

P. Y no sólo hay hechos. ¿No confundirá tanta opinión al público?

R. No, la gente presta atención a lo que se dice en los periódicos importantes, y si la opinión la da un periódico importante, la gente no confunde los hechos con las opiniones. Por eso es tan importante mantener la reputación de los periódicos.

P. Internet es un instrumento que difunde rápidamente todo lo que toca.

R. Sí, es una posibilidad de multiplicación del rumor.

P. ¿Cuál es su posición sobre el porvenir de la prensa a partir de la aparición de este poderoso instrumento?

R. ¡Si yo lo supiera! Saberlo es muy importante para mucha gente, también para los editores de periódicos. Es verdad que existe una crisis de la prensa; puede ocurrir que los periódicos de hoy sean suplementos de Internet. La realidad será Internet. Es una posibilidad.

P. ¿Y usted ve Internet como una amenaza o como una contribución?

R. Indudablemente, Internet debilita la posición financiera de los diarios, así que sí es una amenaza. Ahora bien, si yo dirigiera un periódico hoy en día desarrollaría una web lo más grande posible, al tiempo que intentaría retener las energías investigadoras del diario sin desperdiciarlas.

P. Menudo dilema para los periodistas que ya tienen su edad.

R. Y la suya. Tengo que decir esto: la web es un recurso tremendo para el periodismo. Una sentencia por difamación, que yo gané, está colgada en la web, no tuve que ir a Seattle a leerla. Con los motores de búsqueda y los comentarios en la web tenemos la posibilidad de llegar a una edad dorada del periodismo. Una edad dorada, porque es más fácil ahora descubrir cosas. Y también es más fácil publicar basura. ¿Qué triunfará?

P.  ¿[Una nueva tecnología] lo supera tanto como para dejarnos obsoletos?

R. Sí. En cuanto no haya una reacción fundamental en contra de todo lo sea Internet, sí, sí la va a superar. Mira: yo me subo todos los días al sitio de The New York Times en Internet ¡y es una maravilla! ¿Qué soy yo? Soy una cronista que se ocupa de juntar palabras de manera que mis lectores tengan la sensación de haber estado en un lugar, de haber entendido algo importante y se hayan emocionado. Más o menos esa es mi ambición. Bueno, pues en una página del sitio del New York Times tienes la nota, tienes los links, y no necesariamente habrás pasado por un momento trascendental, pero en la misma hora o cuarenta minutos que le dedicas a un texto mío podrás haber elegido entre un menú multimedia muy seductor, muy inmediato, muy informativo, y a veces también muy conmovedor.

P. Pero leer produce una sensación mayor de información, de discernimiento. Discutes con el texto. Lo otro te convierte en un ser pasivo, ¿no?

R. No, no creo que Internet te convierta en un ser pasivo. Creo que viendo la televisión te conviertes en un ser totalmente pasivo. ¿Qué creo? Creo que la acción espiritual de leer, leer comprometidamente como leemos los de nuestra generación todavía y los muchachos a los que doy clase en la Universidad, es un acto espiritual, un acto de profunda comunicación a niveles que no son tangibles ni físicos entre la autora y el lector. Tú terminas un libro o un artículo en el cual te has metido profundamente y has creado otro mundo. Esa experiencia de lectura profunda no se reemplaza con nada. Quizá la gente se dé cuenta de eso en algún momento y redescubra la lectura.

P. La red ofrece un instrumento para navegar, pero no es el barco.

R. Cada día es más el barco, y yo no tengo la menor duda de que los periodistas jóvenes van a armar ese barco, le van a poner el velamen, le van a poner el figurón de proa, le van a poner los remos, le van a poner las velas y lo van a llevar adonde sea. No tengo la menor duda de eso.

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Comentarios

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"Y también es más fácil publicar basura. ¿Qué triunfará?"

Todo el mal razonamiento sobre internet está en esta frase: "es fácil publicar". La mente del periodismo y la sociedad lleva desde la imprenta preocupada por evitar que se publique lo que no se desea. Con argumentos cambiantes pero siempre es lo mismo: control para discernir lo que "merece" de lo que "no merece" ser publicado. Es el arma a la que se agarran todas las instituciones afectadas por un cambio que no pueden evitar: defender que la esencia de la publicación es que haya control editorial. Para protegernos del mundo, lo han hecho y lo hacen los gobiernos y ahora lo quieren hacer los cebrianes.

La cuestión es que esa pregunta ya NO ES pertinente: todo está publicado. Todo es publicable. La publicidad de estar publicado (lo que preocupa) ya no es una opción, simplemente es la realidad. De lo que se trata es que cada uno construye sus filtros para hacer esa discriminación que antes hacían ellos, con su poder, su leyenda y su buen o mal criterio: no hay límite de espacio en la red, no hay límite de voces. Tampoco de las malas, como en la vida.

Creo que hasta que no asumen esto, que no se trata de evitar que lo que no les gusta salga publicado (lo disfrazan en la protección frente al error y la intoxicacion, como si sus medios no tuvieran errores y no fueran el verdadero pasto de la intoxicación) no entenderán nada y no les saldrá nada bien.

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