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viernes, 20 marzo 2009

No hay una era Obama para los periódicos

JEFF JARVIS/Buzzmachine
Jarvis3 Jeff Jarvis arremete nuevamente contra el reactivado debate acerca del pago por contenidos en la Red. Asegura que, por el momento, son poco realistas. Que la sociedad necesite a los periódicos no los salva de sus actuales problemas, asegura el periodista de The Guardian, para quien es el momento de experimentar en base a ideas novedosas para encontrar nuevos modelos de negocio.

El otro día estaba en una reunión con empresarios innovadores que bien podrían construir un futuro para las noticias, cuando la conversación derivó hacia el aumento de los memes pagados y una de las personas en la sala (que todavía trabaja para un periódico, por el momento) hizo un gag cínico genial, como los que solíamos apreciar en los periódicos hasta que se convirtieron en hospicios silenciosos. "Deberíamos empezar una compañía para facilitar los micropagos y las suscripciones online a los periódicos; eso les echará del negocio más rápido", dijo. Es un modo de abrir oportunidades.

El debate sobre los pagos se ha convertido en algo emocional, por no decir carente de datos, poco realista y algo más que una quimera; en una palabra: religioso.

Clay Shirky explica el conflicto justo en esos términos en un sabio post sobre la historia del fin de los periódicos.

Las revoluciones crean una curiosa inversión de la percepción. En tiempos normales, las personas que no hacen otra cosa que describir el mundo a su alrededor son vistas como pragmáticas, mientras que aquellas que imaginan fabulosos futuros alternativos son vistas como radicales. Las dos últimas décadas no han sido ordinarias, sin embargo. Dentro de los periódicos, los pragmáticos eran los que simplemente señalaban que el mundo real se asemejaba cada vez más al escenario inimaginable. Esas personas eran tratadas como si se hubiesen vuelto locas. Mientras tanto, las personas que lanzaban ideas sobre exitosos jardines amurallados y la adopción entusiasta del micropago, visiones carentes de base real, no eran vistas como charlatanas, sino como salvadoras.

Cuando la realidad se etiqueta como algo inimaginable, se crea una especie de enfermedad en el sector. El liderazgo pasa a basarse en la fe, y los empleados que osan sugerir que lo que parece estar ocurriendo está sucediendo realmente son arreados hacia los departamentos de Innovación, en donde se les puede ignorar en bloque…

Cuando alguien exige saber cómo vamos a reemplazar los periódicos, realmente está demandando que le digan que no estamos viviendo una revolución; está demandando que le digan que los viejos sistemas no se romperán antes de que estén en marcha otros nuevos; está demandando que le digan que los viejos pactos sociales no peligran, que las instituciones fundamentales se librarán, que los nuevos métodos para difundir la información mejorarán las prácticas anteriores en lugar de ponerles fin. Está exigiendo que mientan.

Cada vez hay menos personas que pueden decir esa mentira de manera convincente.

Pero los hay que lo intentan. Esa es la tragedia del meme del pago. "Oh, si consiguiéramos que volviesen a pagar de nuevo, todos nuestros problemas se resolverían. ¡Tendríamos de nuevo dos fuentes de ingresos!". Después la conversación gira hacia los "deberían". La gente debería pagar. Deberíamos tener periódicos. Necesitamos periódicos. Ese es el concepto tras los anuncios desesperados que están sacando los periódicos, rogando que se les necesite. Dice Clay: "La gente de la prensa dice a menudo que los periódicos benefician a la sociedad como un todo. Es cierto, pero irrelevante para el problema que tenemos entre las manos. '¡Nos vais a echar de menos cuando ya no estemos!' nunca ha sido un modelo de negocio". Cruel, pero cierto.

Sin embargo, cualquier experimento diseñado para aportar nuevos modelos al periodismo va a significar una mejora respecto a esconderse de la realidad, especialmente en un año en el que, para muchos periódicos, el futuro impensable es ya pasado.

Durante las próximas décadas el periodismo se construirá a base de superponer casos especiales. Muchos de estos modelos dependerán de aficionados como investigadores y escritores. Muchos de estos modelos dependerán de esponsorizaciones o subvenciones o becas, en lugar de ingresos. Muchos de estos modelos fracasarán. Ningún experimento va a sustituir lo que estamos perdiendo con el deceso de las noticias en el papel, pero con el tiempo los nuevos experimentos que sí funcionan nos aportarán el reporterismo que necesitamos.

Sí, y hasta que hagamos esos experimentos y aprendamos de ellos, los optimistas (Clay, Jay, yo) también sonaremos vagamente devotos, apoyados en la fe. Tengo fe en que habrá demanda de periodismo en el mercado, y encontraremos la forma de satisfacerla. Pero no podremos llegar ahí hasta que lo intentemos.

Ese es el motivo por el que estaba en esa sala el otro día, la de los chistes cínicos. Cuando uno los escucha sabe que está entre periodistas.

Otros sectores no se deberían consolar pensando en que todo esto está pasando a los periódicos y no les golpeará a ellos. Ya les está golpeando ahora. Estamos atravesando algo más que una revolución (o crisis o recesión o depresión). Estamos en la punta de un cambio excepcional, como el que Clay describe en 1500, y que está cambiando cada uno de las industrias y sectores de la sociedad: la gran reestructuración.

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