Añadir valor al nuevo ecosistema de noticias
JEFF JARVIS/Buzzmachine Jarvis habla de la función de las empresas informativas en el actual ecosistema de noticias. Las elecciones en Irán han vuelto a poner la lupa sobre Twitter, YouTube, blogs y redes sociales que permiten acercar al lector acontecimientos que de otra manera hubiera sido imposible contar. A pesar del "impresionante" trabajo de los medios tradicionales en este contexto informativo, el periodista asegura que existen "fallos de depuración" que se deben resolver agrupando gran cantidad de fuentes de información e identificando cada una de ellas. En su juicio, lo importante es evitar el rumor y la desinformación.
¿Cómo pueden y deben las organizaciones de información y demás actores añadir valor al nuevo ecosistema de noticias que se está utilizando en el tema de Irán?
O, pongámoslo de otro modo: The New York Times no para de decir lo caro que le resulta su corresponsalía en Bagdad y los apuros que pasaríamos si no existiese. Bueno, la verdad elemental es que nadie tiene una corresponsalía en Teherán (o, si la tiene, se ha quedado inutilizada por orden del gobierno). Así que no tenemos otro remedio que sustituir esa redacción con la gente, con testigos capacitados para compartir lo que ven.
The New York Times, The Guardian y Andrew Sullivan, por nombrar solo a tres, han estado haciendo un trabajo impresionante con sus blogs en directo, seleccionando entre Twitter, Facebook, YouTube y blogs y tratando de añadir el máximo posible de contexto y clarificaciones. El "live blog" es el equivalente en papel a la televisión en directo; es una forma de cubrir un tema de tal modo que el periodismo de proceso se impone sobre el periodismo de producto.
Pero está claro que en esas coberturas de y por la gente estamos experimentando serios fallos de depuración, usando el término de Clay Shirky. Sólo hace falta ver los cientos de tweets que surgen cada minuto y el sobreuso del la palabra "confirmado" en ellos, lo que carece de sentido si no se sabe quién está haciendo esa confirmación. No hay modo de saber quién es quién, quién está ahí, quién está diciendo la verdad, quién no la está diciendo.
Adviértase que la palabra que se repite es "quién". El mayor valor que puede añadir una organización de información a este nuevo ecosistema de noticias es identificar, seleccionar, investigar y formar a gente. Idealmente, eso debería de ocurrir antes de que surja una gran historia. Pero incluso se puede hacer en el extranjero, tal y como vi esta mañana en CNN, cuando hablaban con una estudiante de la Universidad de Columbia de Irán, que sabía quién era quién y quién estaba allí gracias a su red de familiares y amigos. Por supuesto, aunque uno conozca a las personas a las que escucha, es imposible saber si todo lo que dicen es verdad a no ser que lo verifique uno mismo. Pero ahí está la clave: no se puede.
Así que se necesita tener la mayor posición de ventaja posible. Cuanto más grande sea la red de gente que pueda preparar una organización de información, en mejor estado se encontrará cuando estalle la noticia; podrá filtrar mejor las informaciones que vayan llegando, bien sean de las personas de esa red o pertenecientes a la red más amplia de personas que conocen esas personas. Cuanta más gente haya en la Red, cuantas más personas puedan acercarse al escenario de la noticia o investigar cerca del mismo, más ayuda podrá solicitar.
Global Voices es un ejemplo de esta infraestructura: alguien que conoce a alguien que conoce a alguien, cada uno de ellos capaz de valorar lo que está diciendo el siguiente eslabón en la cadena.
También vengo sosteniendo que para los periodistas decir lo que uno no sabe se está convirtiendo en casi tan importante como decir lo que sí sabe. Eso es cada vez más importante, puesto que la desinformación y el rumor se pueden extender a la velocidad de la información online. Así que me imagino a una organización de información creando una especie de anti-wiki, un Snopes dinámico y colaborativo (una lista de lo que no sabemos, para que podamos ver qué no está confirmado y lo podamos confirmar), de modo que los periodistas puedan añadir periodismo.
Ahora mismo, en Twitter, por ejemplo, se habla mucho sobre personas que están siendo trasladadas a embajadas en vez de hospitales. Los periodistas al menos pueden llamar a sus fuentes diplomáticas y confirmar ese dato, comprobarlo. Necesitamos una estructura en torno a este proceso. Véase también el post sobre YouTube reteniendo información sobre la procedencia de imágenes de vídeo. YouTube no debería revelar información sobre esas fuentes que permita hacer identificaciones. Pero las organizaciones de información deberían de poder contactar a YouTube para poder seleccionar y descubrir qué vídeos se subieron desde Irán.
Las organizaciones de información también podrían equipar a sus redes de testigos. Alive in Baghdad distribuyó cámaras entre la gente. Hoy en día se puede hacer de un modo mucho más económico, con cámaras Flip. En Alemania, Bild vendió 21.000 aparatos similares en cinco semanas. Michael Rosenblum planea distribuir 100 Flips en Gaza. ¿De qué otro modo pueden y deben las organizaciones de información añadir valor y estructura a este nuevo mundo de noticias, muy desorganizado y vivo?





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