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viernes, 17 julio 2009

Narcisismo periodístico

Jarvis

Jarvis cuestiona la importancia de los periodistas en el ecosistema informativo y su papel de intermediario entre las fuentes de información y los ciudadanos. Considera que la prensa está enfrascada en un conjunto de mitos, como los métodos de producción o los criterios de noticiabilidad, que generan "la maldición del periodismo". Por último, señala que lo verdaderamente relevante son las fuentes, los testigos; y que la función del periodista es añadir valor a eso.

Esta semana, en el Aspen Ideas Festival, Andrew Sullivan dijo "El periodismo se ha vuelto demasiado sobre periodistas".

Es cierto. No se trata sólo de que los periodistas estén cubriendo su propia defunción de forma tan concienzuda como la de Michael Jackson, sino de la mitología que sostiene que las noticias necesitan a los periódicos, que sin estos no hay noticias.

En una referencia informal a la economía de las noticias, Dave Winer ha escrito "Si pensamos en las noticias como negocio, veremos que excepto en circunstancias muy inusuales las fuentes nunca se han pagado. Así que las noticias siempre han sido gratis; informar sobre ellas era lo que costaba… El nuevo mundo paga a la fuente, indirectamente, y se olvida del intermediario". Esto plantea dos preguntas: si las noticias necesitan a los periodistas y si los periodistas y las organizaciones de información merecen ser pagadas.

Twiteé la frase de Winer, y a continuación Howard Weaver comenzó un debate con este tweet: "¿Es noticia si no se ha informado sobre ello? No lo creo". Pienso que no está diciendo que el acto de informar tiene que ser hecho por un profesional, sino que el hecho de transmitirlo es lo que hace a las noticias noticia. ¿Necesitan las noticias un intermediario?

Steve Yelvington ha twiteado que "La debacle de The Washington Post es un choque entre mito y realidad a muchos niveles: unos cuantos elegidos serán los que lo consigan'". Siempre que se les necesite.

Ese mito (el mito de la necesidad) me dio en la cabeza cuando leí un artículo genuinamente narcisista esta semana en The New York Times sobre las reuniones de primera de las 4 p.m. El editor de The Guardian, Alan Rusbridger, ha comparado esas reuniones a una "ceremonia religiosa". El artículo de The Times se desarrolla como si nos estuviesen introduciendo en la capilla del Papa: "La mesa era fantástica, ovalada y elegante, con curvas de madera reluciente. Los editores no lo eran menos: 11 hombres y 7 mujeres con el poder para decidir qué es importante en el mundo".

Véase la arrogancia del asunto: Ellos deciden lo que es importante. Porque nosotros no podemos. Eso es lo que dicen. Eso es lo que creen.

Me formaron para aceptar ese mito, que los periodistas deciden qué es importante, porque esa es una capacidad de la que están impregnados: la valoración de las noticias. Trabajé duro para adquirir y ejercer ese juicio. Esa leyenda sostiene además que ninguna valoración es más importante que la de The Times. Esa es la razón por la que cada noche envía al resto del mundillo sus elecciones. Las noticias no son noticias hasta que no se difunden y no son importantes hasta que The Times lo dice.

Pero ¿por qué necesitamos que alguien nos diga qué es importante? Nosotros decidimos eso. Lo que es importante para ti no lo es para mí. ¿Por qué debemos compartir la misma importancia? Porque todos compartíamos el mismo periódico. Ahí está el origen del mito: la prensa.

Estoy intentando abrirme paso entre todos los mitos que hay sobre el periodismo, para poder analizarlos. En algo que estoy escribiendo para otro proyecto, digo: "Para empezar, es vital que entendamos y cuestionemos cada suposición surgida de las viejas realidades; por ejemplo, que las noticias deben de ser una vez al día, una para todos, una experiencia unidireccional, sólo porque eso es lo que necesitaban los métodos de producción y distribución de los periódicos y la televisión". Y: "Poseer la rotativa de periódicos o la torre de retransmisiones solía marcar la ventaja: yo poseo y controlo las herramientas de producción y distribución y tú no, lo que me permite decidir qué se distribuye y te fuerza a ti a venir a mí si quieres llegar al público a través de noticias o publicidad, cuyo precio establezco yo con poco o ningún miedo a la competencia".

Ya no. La prensa se ha convertido en la maldición del periodismo, no sólo porque ahora supone una carga de costos tremenda, sino porque nos condujo a todos estos mitos: que nosotros, los periodistas, poseemos las noticias; que somos necesarios para hacerlas: que podemos empaquetar el mundo cada día en una caja y ponerle un lacito; que lo que hacemos es perfecto (con raras, creo, excepciones); que el mundo debería de acudir a nosotros para estar informado; que nos merecemos ser pagados por este servicio; que el mundo nos necesita.

El narcisismo periodístico que se extrae de la prensa se extiende a gran parte de la relación del periodismo con su público. Jay Rossen acaba de twitear sobre la columnista de Plain Dealer, Connie Schultz: "Un bloguero fue cruel conmigo, así que eso significa que tengo la razón". John McQuaid ha twiteado que se temía que yo solo estuviese "ayudando a Connie Schultz en su esfuerzo por convertir un debate real en una guerra de culturas entre blogueros frente a medios de comunicación de masas".

Oh, ya veo, todo esto es un enorme decorado para tu cierre: ¿un bloguero hablando sobre narcisismo? ¿escribir un blog no es el narcisismo absoluto? ¿pero quién ha hecho esa valoración? Hasta donde yo sé, los periodistas. Cuando ellos hablan, es importante. Cuando hablamos nosotros, es narcisismo. Lo que nosotros decimos no puede ser importante (¿puede?) porque no nos pagan y no nos publican. Pero no quiero volver a empezar la guerra de la cultura de los blogs, que espero que haya terminado. Quiero cuestionar las asunciones, encontrar la causa y el efecto de los mitos.

Y eso es lo que Winer está tratando de hacer cuando nos recuerda que la gente importante en las noticias son las fuentes y los testigos, que ahora pueden publicar y transmitir todo lo que saben. La pregunta que se deben de hacer los periodistas es cómo pueden añadirle valor a eso. Por supuesto, los periodistas pueden añadir mucho: informando, seleccionando, investigando, corrigiendo, ilustrando, aportando contexto, narrando. Y, por supuesto, estoy completamente a favor de que haya periodistas; los estoy formando. Pero es difícil asimilar que las noticias pueden continuar sin ellos. Ellos son los que necesitan descubrir cómo se pueden convertir en necesarios. Pueden hacerlo y lo harán, pero no pueden seguir simplemente descansando sobre la prensa y sus mitos.

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