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lunes, 15 febrero 2010

San Francisco Panorama, un diario soñado hecho realidad

Laura Pintos

El objetivo estaba claro: demostrar cuál es el camino para asegurar la supervivencia de la prensa escrita, un sector que se derrumba por sus propios errores y por el peso de un contexto cada vez más digital. Dave Eggers quería probar, con su larga experiencia como editor al frente de Timothy McSweeney, que el papel aún tiene ventajas que ofrecer a los lectores como soporte para la información y el análisis. Se puso manos a la obra y tras cinco meses de trabajo, y junto con un equipo de más de 150 colaboradores de excepción, publicó una única edición de lujo del San Francisco Panorama, un periódico que puede ser el bello canto del cisne de un formato agonizante o la punta del ovillo de un nuevo modelo adaptado a los tiempos que corren.

Panorama

El primer y único número del Panorama inundó las calles de San Francisco el 8 de diciembre pasado, y desde entonces sigue distribuyéndose a coleccionistas y aficionados al papel de todo el mundo. Con un precio de portada de 5 dólares (3,70 euros) y de 16 (11,75 euros) para quienes están fuera de la ciudad, se presenta en una bolsa plástica cerrada y bajo el lema de "una celebración del periódico".

Y sin duda lo es. A tamaño tabloide, el periódico cuenta con 15 partes en total y más de 330 páginas repletas de contenido original y editadas a todo color y con un papel de gran calidad. Además del cuerpo principal, ofrece hasta nueve secciones independientes: Section Two, con los reportajes de profundidad; un apartado especial con el reportaje de apertura (sobre un nuevo puente de San Francisco que se está construyendo en China); una crónica firmada por Stephen King de la World Series 2009; un especial infantil y juvenil y los suplementos de Deportes, Opinión y Análisis, Alimentación y Gastronomía,  Arts One (sobre estilo de vida) y Arts Two (con críticas y comentarios).

También trae un póster desplegable, un cartón con un juguete para armar, una revista literaria, otra de interés general y un panfleto explicando los motivos y entresijos de este en apariencia alocado proyecto.

En él Eggers, propietario de una pequeña editorial independiente conocida por sus cuidadas ediciones literarias y sus prestigiosas publicaciones culturales y bautizada así a raíz de una rocambolesca historia que tuvo como protagonista al verdadero Timothy McSweeney, confiesa por qué se lanzó a tan aventurada empresa.

Allí empieza por declarar que el Panorama "fue creado para demostrar las posibilidades únicas y el atractivo del periódico americano", y cuenta cosas como que se han prodigado tanto en el diseño como en la extensión de los artículos y que su afán es también probar que los lectores estarán más dispuestos a pagar por un producto impreso si "reciben algo muy diferente a lo que pueden obtener en internet".

La idea también escondía un objetivo económico: mostrar que los periódicos pequeños, con tiradas reducidas y presupuestos ajustados, también tienen un hueco en el mercado mientras ofrezcan contenidos propios y de calidad. Así es que en el panfleto Eggers no duda en ofrecer un recuento de los gastos e ingresos que ha tenido esta edición de lujo en cada apartado.

Entre otros datos, señala que el Panorama, con 40.000 ejemplares impresos, tuvo un coste de impresión por ejemplar de 5,52 dólares (ó 4 euros) y un gasto editorial global (en personal y colaboradores) de 80.000 dólares (58.745 euros), con lo cual cada ejemplar demandó en total 6,98 dólares (5,12 euros). Los ingresos por publicidad de este "prototipo", como lo califica su creador, fueron únicamente de 60.000 dólares (44.069 euros).

Estos números sirven para ver, sostiene Eggers, que con un presupuesto menor, en este caso de unos 235.000 dólares (172.575 euros), un grupo de periodistas ("tal vez esos que está despidiendo la industria", aventura), pueden lanzarse a publicar su propio periódico, uno del que puedan sentirse orgullosos y que los lectores y anunciantes aprendan a valorar y a comprar con regularidad.

El Panorama, añade, recuperó gran parte del dinero y si se editara de forma periódica sus costes deberían ajustarse mucho más, por lo que sería rentable.

Eggers sin duda contó con la ayuda de grandes firmas del mundo de la cultura, el periodismo, la política y el cine, pero por encima de todo con un entusiasmo digno de un expedicionario que sueña con descubrir el camino hacia un tesoro escondido en un momento de gran hambruna y desazón.

El tiempo, y la deriva que tomen los miles de periódicos en papel de todo el mundo que están achicando estructuras a la par que ven como bajan sin freno sus ingresos y su circulación, dirán si su quijotada sirvió como un faro para alumbrar la senda hacia la salvación o sólo fue un último esfuerzo, bonito pero inútil, de una industria que no tiene futuro.


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¡Qué gran negocio! ¿Cómo no lo habrán continuado? Definitivamente este es el futuro, sí señor

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