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viernes, 12 marzo 2010

TEDxNYed: Esto son pamplinas

JEFF JARVIS/Buzzmachine

Jarvis3 En un encuentro del TED, Jeff Jarvis arremete contra este formato de conferencias. Asegura que tanto en educación como en los medios hay que pasar de una comunicación unidireccional y de una "talla única" a la colaboración y la personalización. El periodista sostiene que en lugar de una audiencia que absorbe hay que buscar una que repregunta, cuestiona y aporta, que sea punto de partida y no de llegada, y a la vez ofrecer un medio o educador que aporta un valor único y que en lugar de repetir lo mismo, sepa seleccionar y complementar. "La escuela no debe de ser una fábrica, sino una incubadora", escribe Jarvis.

Aquí están mis anotaciones para la reunión TEDxNYed del pasado fin de semana. Utilicé la oportunidad de un evento del TED para cuestionar el formato TED, especialmente en relación a la educación, en donde (al igual que los medios) tenemos que pasar de la lectura unidireccional a la colaboración. Me temía que me iban a lanzar tomates (orgánicos), pero nos reímos y todo fue bien. El vídeo no estará disponible hasta dentro de una semana o dos, así que voy a compartir mis notas. No es exactamente lo que dije, pero se aproxima bastante...

* * *

Esto son pamplinas.

¿Por qué tenéis que estar ahí escuchándome? Parafraseando a Dan Gillmor: vosotros sabéis más que yo. Will Richardson es el que debería de estar aquí. Y, parafraseando a Jay Rosen, vosotros deberíais de ser “lo que antes se conocía como audiencia”.

Pero ahora exactamente sois la audiencia a la que me dirijo.

Eso son pamplinas.

¿A qué nos recuerda esto? A una aula, por supuesto, y a toda la estructura de un sistema educativo construido para la era industrial, que genera estudiantes idénticos unos a otros, que les convence de que hay una respuesta correcta, y que esa respuesta sale del atril. Si se apartan de eso, se equivocan, fracasan.

¿A qué más nos recuerda? A los medios, a los viejos medios de comunicación: unidireccionales, de talla única para todos. El público no decide lo que es noticia y lo que está bien. El periodista-altavoz es el que lo hace.

Pero debemos de cuestionarnos este sistema. Debemos de permitir a los estudiantes que lo cuestionen.

A mí también me gustan muchas conferencias del TED. Pero, dicho esto...

Durante la última reunión de Mothership TED escribí en Twitter que no creía haber visto nunca a ningún seguidor del TED decir algo negativo sobre alguna de las charlas, supongo que por la emoción de estar allí. Me preguntaba si les daban algún tipo de pócima en las bolsas de bienvenida.

Pero después, bendita ironía, llegó un tweet de ni más ni menos que el comisario, decano, editor, jefe del TED, Chris Anderson. Sarah Silverman había dicho algo que causó tal follón que Anderson pidió disculpas, y después pidió disculpas por la disculpa, de lo confundido que estaba porque alguien hubiese ido a la torre de marfil del TED a remover cosas con palabras.

Cuando tuiteé sobre esto, intentando descubrir lo que había dicho Silverman, y atreviéndome a poner en entredicho la adoración de los TEDseteros por el TED, uno de sus acólitos se quejó sobre mi cuestionamiento de las maravillas del TED. Me explicó que a ella el TED le aporta “validación”.

Validación.

Dios santo, eso es lo último que querríamos tener. Deberíamos de pedir preguntas, desafíos, discusiones, debate, colaboración, cruzadas para entender y soluciones. ¿Nos ha enseñado menos internet?

Pero eso es lo que la educación y los medios hacen: validan.

También repiten. En las noticias no podemos seguirnos permitiéndonos repetir las noticias básicas que el público ya conoce tan sólo porque queremos contar la historia con nuestra firma, exudando ego. En vez de eso, tenemos que añadir valor único.

Lo mismo se puede decir con las charlas académicas. ¿Tiene todavía sentido que infinidad de profesores digan la misma lección básica sobre, digamos, la absorción capilar? Solía ser así antes; tenían que hacerlo. Pero no ahora, no desde que hay cursos abiertos y existe YouTube. Al igual que los periodistas se tienen que convertir en seleccionadores más que en creadores, lo mismo tienen que hacer los educadores.

Hace unos cuantos años tuve esta conversación con Bob Kerrey, en la New School. Me preguntó qué podía hacer para competir con las brillantes conferencias online del MIT. Yo le dije que no tenía que competir, sino complementar. Visualicé un Oxford virtual, basado en un sistema de conferenciantes y tutores. Quizás la New School debería de seleccionar las mejores conferencias sobre absorción capilar del MIT y Stanford, o a un profesor brillante que lo explique muy bien aunque no sea de una de las grandes marcas educativas, cualquiera que esté en YouTube U. Después, la New School añadirá valor con las tutorías: explicando, respondiendo, probando, impulsando.

La conferencia sí tiene sentido para impartir conocimiento y para llevarnos hacia un lugar de partida compartido. Pero no es elemento sustancial de la educación, o del periodismo. Ahora la conferencia compartida es una forma de hallar eficiencia compartida, de poner fin a la repetición, de hacer el mejor uso de los preciosos recursos educativos que tenemos, de destacar y apoyar lo mejor. A las instituciones académicas les daría el mismo consejo que doy a los medios de comunicación: Haz lo que sabes hacer mejor, y enlaza hacia el resto.

Todavía no he pasado de la conferencia y del profesor como punto de partida. También creo que debemos de hacer de los estudiantes el punto de partida.

En un evento de Carnegie en el Paley Center hace unas semanas fui el moderador de una mesa sobre la enseñanza de periodismo emprendedor, y solo al final de la sesión me di cuenta de lo que tenía que hacer: empezar por la sala, no por el escenario. Pregunté a los estudiantes en la sala qué querían que les enseñaran sus escuelas. El resultado fue una lista maravillosa: práctica, pero visionaria.

Le digo a los medios que tienen que convertirse en colaborativos, porque el público sabe mucho, porque la gente quiere crear, no solo consumir, porque la colaboración es una forma de expandir las noticias, porque es una manera de ahorrar gastos. Sostengo que las noticias son un proceso, no un producto. De hecho, digo que las comunidades pueden compartir ahora información de manera gratuita, siendo el coste marginal de sus noticias igual a cero. Nosotros, los que estamos en el periodismo, nos tenemos que preguntar dónde podemos añadir valor. Pero nótese que en este nuevo ecosistema las noticias no empiezan por nosotros; empiezan por la comunidad.

Les digo a las empresas que tienen contar con los consumidores en la cadena de diseño. Esta semana me senté en un avión al lado de un fabricante de maletines, y le pregunté que si TechCrunch, por ejemplo, conseguía que unos viajeros curtidos diseñaran la funda para portátiles definitiva, ¿él la fabricaría? Por supuesto que lo haría.

Igualmente tenemos que hacer que los estudiantes suban puestos en la cadena educativa. No siempre saben lo que necesitan saber, ¿pero por qué no empezamos por descubrirlo nosotros? En lugar de darles exámenes para saber qué es lo que han aprendido, deberíamos de hacerles pruebas para descubrir lo que no saben. Sus respuestas erróneas no son fallos, son necesidades, y oportunidades.

Pero el problema es que empezamos por el final, en lo que pensamos que tendrían que aprender los estudiantes, recetando y ordenando el resultado: tenemos la lista de respuestas correctas. Les decimos las respuestas antes de que hayan hecho las preguntas. Les machacamos y probamos y les decimos que han fallado si no regurgitan nuestras charlas como lecciones aprendidas. Ese es un sistema construido para la era industrial, para la línea de montaje, en donde sale todo exactamente igual: los estudiantes como artilugios, todos iguales.

Pero ya no estamos en la era industrial. Estamos en la era Google. Esto es lo que Jonathan Rosenberg, jefe de gestión de producto de Google, aconseja a los estudiantes en un post. Google, dice, busca “capacidad para resolver problemas de forma no rutinaria”. La forma rutinaria para resolver un problema de ortografía es, por supuesto, el diccionario. La forma no rutinaria es estudiar todos los errores y correcciones que hacemos y devolvernos un milagroso: “Quizás quiso decir".

“En el mundo real”, dice, “tu éxito está determinado inexorablemente por las lecciones que extraes del mercado libre”.

Otra cita más: “Es fácil educar para la rutina, y es difícil educar para lo novedoso”. Google surgió a partir de ver lo novedoso. ¿Está preparando nuestro sistema educativo a los estudiantes para trabajar para o crear googles? Los Google no salen de las charlas.

Así que si no es la sala de conferencias, ¿cuál es el modelo? Ya he mencionado uno: el Oxford distribuido - las conferencias aquí y las clases allí.

Una vez distribuido, entonces uno se tiene que preguntar ¿por qué tener una universidad? ¿por qué tener una escuela? ¿por qué tener un periódico? ¿por qué tener un lugar o una cosa? Quizás, al igual que en una nueva organización dedicada a las noticias, las tareas tienen que cambiar y pasar de crear y controlar el contenido y gestionar la escasez, a seleccionar gente y contenido, a permitir la abundancia de estudiantes y de profesores, de conocimiento: un mundo en el que todo el mundo puede enseñar y todo el mundo puede aprender. Tenemos que parar de vender sillas escasas en salones de conferencias, y pensar que ese es nuestro valor.

Debemos de terminar con nuestra cultura de tests estandarizados y enseñanza estandarizada. Al carajo la selectividad (eso fue una improvisación). En la era de Google ¿qué sentido tiene enseñar a memorizar?

Tenemos que dejar de ver la educación como un producto (en el que el resultado son alumnos que dan la misma respuesta), y verla sino como un proceso en el que cada alumno busca nuevas respuestas. La vida es un beta.

¿Por qué no puede cada universidad, cada escuela, copiar la regla del 20 por ciento de Google, animando y permitiendo la creación y la experimentación, esperando que de cada alumno salga un libro, una ópera, un algoritmo o una compañía? En lugar de enseñar nuestros diplomas, ¿no tendríamos que enseñar nuestros portafolios de trabajo, como mejor expresión de nuestra forma de pensar y nuestra capacidad? La escuela no debe de ser una fábrica, sino una incubadora.

Hay otro modelo como alternativa a las charlas, y esa es la visión de Dave Winer de la “no conferencia”. En el primer Bloggercon, Dave me hizo coordinar una mesa sobre política, y cuando dije algo sobre “mi panel” se me lanzó a la yugular, sólo como él puede hacerlo. “No hay ningún panel”, sentenció. “La sala es el panel”. Ding. Fue en ese momento cuando aprendí a moderar eventos, incluidas mis clases, haciendo que la conversación y el conocimiento se extienda hacia el sabio público de la sala.

Así que os debéis de preguntar por qué no he hecho eso hoy. Podría echarle la culpa al formato; no quería romper el formato. Pero todos sabemos que hay otra razón: Ego.

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Traducís bullshit por pamplinas? qué recatados.

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