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viernes, 17 septiembre 2010

Oh, esos alemanes

JEFF JARVIS / Buzzmachine

Jeff-jarvisJeff Jarvis analiza esta semana la posibilidad de que el gobierno alemán implante carnés digitales para verificar la identidad de sus ciudadanos en internet. Jarvis se hace eco de la mala prensa que Google tiene en este país y defiende la necesidad de proteger el derecho a que algo sea de dominio público. Además, insiste en la necesidad de tener una discusión sobre una carta de derechos online y recuerda que las compañías de la Red deben auspiciar un debate con los usuarios para que participen activamente.

Me quedé estupefacto, sentado sobre un escenario en Berlín, cuando el comisionado para asuntos de privacidad de un estado alemán se puso a despotricar contra Google (que, por cierto, tiene en Alemania su mayor penetración de mercado en todo el mundo: un 97,4 por ciento frente al 65,4 por ciento de EE UU).

“Mientras los alemanes sean lo suficientemente idiotas como para usar este motor de búsqueda”, escupió, “no se merecen nada mejor”.

Lo dijo Thilo Weichert, experto en privacidad de Schleswig-Holstein, invitado junto a mí por el Partido Verde para un debate sobre privacidad la semana pasada, en el que también participaron Renate Künast, jefa del grupo parlamentario de Los Verdes, y Konstantin von Notz, su diputado especializado en temas digitales.

Antes de viajar a Berlín me preguntaba por qué los alemanes están tan locos con el asunto de Google y la privacidad. Pero ahora me pregunto si son los alemanes o son sus medios y políticos.

Observen la escena: un cargo público encargado de representar y proteger al público rechaza e insulta de manera arrogante (no, de manera hostil) a su propio electorado y se cree que tiene que decirles lo que deben hacer. Le pregunto qué daño le ha hecho a él Google. No tiene respuesta. Se queja de que “Google utiliza información para manipularme”. ¿Más que cualquier publicista... o político?

Weichert también sostuvo sobre la tarima la decisión del gobierno alemán de implantar carnés de identidad digitales con RFID incrustado. Los Verdes no están de acuerdo; están preocupados por esos carnés. Pero Weichert va más lejos. Dice que esas tarjetas deberían de ser utilizadas para verificar la identidad en internet. Ahora es él el que me está asustando *a mi* con la privacidad.

Mientras les escucho hablar en alemán, oigo que llaman al carné “ausweis”, y me da un pequeño escalofrío al ver que nadie parece reconocer el fantasma que contiene esa palabra. En Estados Unidos, en las películas de guerra, nunca hay una frase más temible que cuando dicen “Ausweis, bitte” (“papeles, por favor”. Mirad esto de Arizona). Cuando hablo sobre ir demasiado lejos con la privacidad, los alemanes me hablan de su pasado con la Stasi y los nazis. Pero aquí está su gobierno, instituyendo carnés electrónicos con una tecnología que ha irritado a algunos estadounidenses ¡porque se quiere incluir de manera anónima en los pantalones!

Esta es la otra paradoja alemana, o como dijo alguien en la conferencia de Re:publica en Berlín sobre mi charla sobre lo público, esta es la paradoja estadounidense: los estadounidenses desconfiamos del gobierno más que los europeos, aunque podría decirse que hemos tenido mejores gobiernos que ellos. Y confiamos en las empresas más que los europeos, aunque probablemente hemos tenido peores compañías.

Escuché mucho sobre desconfianza en las empresas (bueno, especialmente sobre una: Google) en Berlín. “Google es el peor ejemplo de apertura y transparencia y la disposición para servir las necesidades democráticas de la sociedad”, dijo Weichert sobre el escenario. Tenía lo que parece ser una queja legítima, al asegurar que Google se negó a reunirse con él y con otros comisionados sobre privacidad. Pero, de nuevo, un amigo entre la audiencia estaba twitteando esa noche con una persona de relaciones públicas de Google en Alemania que estaba siguiendo el evento por internet, y que se preguntaba por qué no le habían invitado a responder. De todos modos, es incuestionable que Google tiene un problema de imagen en Alemania.

Uno pensaría que Google sería mejor en relaciones públicas, dado que Weichert insistió en que la decisión de la compañía de terminar con su censura en China “no fue más que un truco de relaciones públicas”. Fue más allá, ¡comparando a Google como un vigilante no vigilado junto a China e Irán! “El único interés de Google es ganar dinero”, dijo, como si fuese algo impactante. Ese fue el tema de la noche: Google se atreve a hacer dinero. Un periodista de Los Verdes entre la audiencia se quejó de que Google utiliza datos “para venderme”. Le pregunté qué periódico no hace eso mismo. Google, dijo, “utiliza de forma incorrecta mis datos para hacerse demasiado grande”. Enséñame la línea que dice “demasiado grande”, le contesté.

Así que el problema de Google, ¿es la hostilidad a su negocio o hacia EE UU? Weichert negó ambos. Pero se quejó de que “ningún servicio secreto es más reservado que el de los estadounidenses” (sospecho que la CIA se lo tomaría como un cumplido). Dijo que EE UU está demasiado enfocado en la libertad de información y la apertura, y no lo suficiente en la privacidad.

Puede que haya un incipiente anti-americanismo, pero no creo que sea la raíz de todo esto. ¿Se trata de una mala interpretación de las formas del nuevo mundo digital? Quizás. Künast, en quien hallé una política razonable, se lanzó a un extraño discurso sobre tomar fotografías del Bundestag y sobre si la venta de esas fotos en una tienda online debería de ceder una porción de las ganancias al pueblo alemán y al gobierno, ya que son los propietarios del edificio. ¿Eh?

Quizás el problema es el concepto del dominio público y la idea de control sobre lo público. Künast habla de controlar la propiedad y el uso de lo que es público. Weichert habla de limitar qué es de dominio público en público (se enfadó conmigo por burlarme del movimiento alemán por el “verpixelungsrecht”, el derecho a ser pixelado, ¡incluso para los edificios!). Weichert dice que todos deberíamos de optar por defecto por mantener la privacidad, y yo le pregunto si no deberíamos todos elegir por defecto ser públicos. Creo que el dominio público se define por la apertura y la carencia de restricciones. Cuando se limita lo que es público, se nos quita algo a nosotros, puesto que nosotros somos los dueños del dominio público.

Hay además una ironía histórica adicional en el hecho de tener este debate en Alemania, en donde Jürgen Habermas definió el concepto de la esfera pública, aunque en mi libro defiendo que Habermas distorsionó un concepto anterior, el de hacer públicos (en plural). Internet nos devuelve a la idea de que hacer algo público nos da a todos el derecho a hacerlo, y yo no quiero que eso ni se de por sentado ni que se nos arrebate.

Así que yo defiendo que necesitamos proteger nuestra herramienta para hacer que algo sea de dominio público. Eso es sobre lo que deberíamos de estar hablando. Ahí, al menos, hay algún tipo de acuerdo: sobre la necesidad de tener una discusión sobre una carta de derechos online. Yo propongo la mía, sabiendo que no es adecuada. Künast dice que el gobierno debería de empezar por legislar los derechos básicos.

Bueno, vale, pero sobre el escenario dije que, con todo el respeto, yo no quiero ni que el gobierno ni ninguna empresa reclame el control sobre la herramienta del público sobre el dominio público, nuestra internet. Cité la Declaración de Independencia del Ciberespacio de John Perry Barlow. No quiero que Google y Verizon cincelen la red como si fuesen Los Sudetes y sin nosotros, sus ciudadanos, presentes en la mesa. Y estoy más que seguro de que no quiero a Herr Weichert diciéndome cómo debería de usar su internet. Imploro a la audiencia a que asuma el control de esa carta.

Si no lo hacen, si internet se cierra y se cubre con cemento, me temo que se parecerá al búnker (oh, ironía fotográfica) que está justamente al otro lado de la Heinrich Böll Foundation, en donde se produjo el debate:

Bunker

Es un búnker de la II Guerra Mundial, ahora propiedad de un millonario que habilitó una vivienda en el ático y abrió una galería de arte en los pisos inferiores, detrás de puertas que solo se abren para visitas guiadas y concertadas. La metáfora es demasiado obvia, incluso para un norteamericano.

Lo que me produce alguna esperanza es que la gente de la audiencia (gente digital) está en la batalla correcta y lo están haciendo con humor. Jens Best ha empezado un movimiento para sacar fotos de todos los edificios pixelados en Google Street View y enlazarlas con esas direcciones. Y aquí hay un vídeo (véase el final) sobre el hombre pixelado:

Al principio de la tarde, Künast dijo que “la libertad puede comprender anonimato”. Sí, pero la libertad también comprende dominio público. Lo público puede ser nuestro mayor derecho a la libertad (ponerse en pie y decir lo que pensamos y ser quienes somos, y juntarnos y comportarnos sin miedo a la opresión). Seguramente eso debe de resonar aquí, en Alemania. Ese es justo el tipo de debate en busca del equilibrio que debemos de tener para que la gente pueda saber que tiene la posibilidad de proteger esa opción. Necesitamos proteger el derecho a ser privados. Pero también debemos de proteger los derechos de lo público.

Desafío a Künast (que, según los rumores, podría ser la próxima alcaldesa de Berlín, aunque ella no dice nada) para que haga de la ciudad un modelo de apertura, un monumento a lo público, y sugiero que su partido debería de convocar una conferencia para comenzar la discusión sobre nuestros derechos. Para que sea nuestra discusión.

: MÁS TARDE: Gracias a Stecki y a sus comentarios, aquí está Weichert llamando a sus electores “idiotas” (en alemán), y mi respuesta (en inglés):

: AÚN MÁS TARDE: Aquí está el audio del evento. Perdón por la mezcla entre alemán e inglés.

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