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viernes, 14 enero 2011

La progresión de lo público

6a00e552985c0d88330133f278ab28970b-120wi Jeff Jarvis | Buzzmachine

Jeff Jarvis comparte esta semana una parte de su próximo libro, ‘Public Parts’, para que los lectores den su opinión. En el fragmento que enseña, Jarvis cuenta cuenta cómo ha evolucionado el concepto “público” a lo largo de la Historia, desde el Renacimiento hasta YouTube.

Estoy editando el manuscrito de Public Parts, así que iré compartiendo con vosotros algunas ideas del libro para que me digáis vuestra opinión. Esto es parte de mi introducción, en donde digo cuáles son las cuatro fases de nuestro concepto de “público”:

1. Desde la Antigüedad hasta el Renacimiento “público” era sinónimo de Estado, y el Estado no era sinónimo de su gente (ese es nuestro concepto moderno), sino de sus dirigentes. Los líderes no eran meras figuras públicas: ellos conformaban lo público. La gente tenía poca significación política; no tenía identidad independiente. “El hombre era consciente de si mismo como miembro de una raza, grupo, partido, familia o corporación, tan sólo a través de algún tipo de categoría general”, escribe el historiador Jacob Burkhardt en Civilization of the Renaissance (citado por Elizabeth Eisenstein en The Printing Press as an Agent of Change).

2. En el llamado periodo moderno temprano de los siglos XVI y XVII (también conocido como el Renacimiento), la imprenta de Gutenberg así como el teatro, la música, el arte, los mapas y los mercados permitieron a algunas personas crear sus propios públicos, tal y como plantea el proyecto Making Publics de la Universidad McGill (analizaré esas ideas en otro capítulo). Se trataba de públicos voluntarios, creados por extraños que compartían intereses similares, significando que simplemente podían haber leído el mismo libro y después pensado y debatido algunas ideas. Ya era posible que ciudadanos particulares adoptasen y compartiesen una identidad pública independiente del Estado.

3. Según sostiene el filósofo alemán Jürgen Habermas, en el siglo XVIII la esfera pública (y la opinión pública) aparecieron por primera vez como una fuerza política y el contrapeso al Estado. Finalmente, público comenzaba a significar gente. Habermas cree que la breve era dorada de debate racional y crítico en la sociedad que se vivió en los cafés ingleses y salones de toda Europa acabó siendo arruinado rápidamente por los medios de comunicación de masas. Yo sostengo otro punto de vista, y creo que la verdadera corrupción del ideal del público se produjo cuando se nos metió a todos dentro de la misma esfera pública, una masa única, el público-lumpen. Hasta la fecha, la asunción de que todos somos un mismo público (la base de la producción en masa, la distribución en masa, el marketing en masa y los mass media) ha permitido a gobiernos, compañías y medios no tener que tratar con nosotros como individuos o grupos, viéndonos en cambio como números sin rostro en las encuestas o datos demográficos anónimos.

4. Hoy en día, con internet, tan sólo estamos comenzando a crear una nueva noción de lo que significa lo público y el público. Al igual que nuestros ancestros en la era moderna, nosotros (todos) tenemos las herramientas (blogs, Facebook, Twitter, YouTube...) para crear y unirnos a públicos, estableciendo nuestras propias identidades y sociedades. Lo veo como una forma más pura de público, construido no sólo en torno a los intereses de los poderosos, sino en torno a nuestros propios intereses, deseos y necesidades. En lugar de estar forzados a formar parte de un público en cuya creación no participamos, ahora nos definimos a nosotros mismos y a nuestros públicos. El nuevo concepto de público puede parecer caótico, pero el cambio siempre lo parece. La diferencia fundamental hoy en día (el próximo paso en la evolución de la idea) es que el público ya no es una entidad unidireccional que fluye desde los poderosos (reyes, políticos, editores o artistas) hacia una audiencia. Ahora, a través de nuestras conversaciones y colaboración, ignorando las viejas fronteras, nosotros definimos nuestros públicos.

En esta progresión estamos dando continuidad (acelerada) a un baile eterno de equilibrio entre el individuo y la sociedad: nuestros derechos, privilegios, poderes, responsabilidades, preocupaciones y perspectivas; nuestra privacidad y lo público. Nada describe mejor el proceso de modernización. En tiempos pasados, dice Richard Sennett en The Fall of Public Man “la experiencia pública estaba conectada a la formación del orden social” (es decir, el fin de la anarquía, mientras que en los últimos siglos lo público “se conecta con la formación de la personalidad”), es decir, a la individualidad y la libertad. Los regímenes antiguos y autoritarios decían a la gente lo que tienen que pensar y hacer; las sociedades modernas permiten a los ciudadanos hacer lo que quieren hacer, juntos.

Hoy en día estamos atomatizados, tenemos la libertad de ser independientes. Podemos por lo tanto convertirnos en nuevas moléculas porque somos sociales, nos necesitamos los unos a los otros y podemos conseguir más cosas juntos que separados. Encontramos a los públicos de los que queremos formar parte no sólo a través de etiquetas generales, generalizaciones, fronteras que se delimitan a nuestro alrededor (rojo frente a azul, blanco frente a negro, nación frente a nación), sino por nuestras ideas, intereses y necesidades: supervivientes de cáncer, libertarios, vegetarianos, madres solteras, frikis e incluso defensores de la privacidad. Finalmente hemos acabado con la élite de lo público, y cada uno de nosotros nos hemos convertido en personas públicas por derecho propio...

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Comentarios

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Antes lo público era intervención, ahora lo público con internet significa transparencia

Muy interesante.
Gracias por el articulo

Interesante aproximación y reflexión histórica pero creo que aún le falta profundizar más en la documentación y referencias.

Yo creo que la aparente pluralidad y capacidad de elaboración de una identidad que trae la Web 2.0 es por el contrario la más grotesca y burda herramienta para homogenizar a todas las personas.

Nos dan la ilusión de singularidad pero ahora más que nunca en la historia de la humanidad es más fácil encontrar al mismo joven en Tokio, que en Odessa, Bombay o New York.

La sociedad se está volviendo mucho más predecible, alienada y sumisa.

El único problema para esta nueva estructura de "libertad" es cuando aparece un Assange y contamina el sistema.

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