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domingo, 29 abril 2012

Jeff Jarvis
Periodismo Inside®

JarvisJeff Jarvis | BuzzMachine

Me pregunto si deberíamos enseñar a lo periodistas a incrustarse con sus aptitudes en el mundo, en lugar de hacer que el mundo se acerque siempre hacia ellos. Estoy pensando en voz alta...

El otro día, cuando Amazon me molestó intentando venderme de repente software (¿quién ha comprado una caja con software en los últimos años?), se me ocurrió: tras desaparecer el software los expositores de las tiendas, la demanda de los programadores que lo hacen tan sólo ha ido en aumento. Entonces ¿por qué si los periódicos, revistas y libros están abandonando los expositores,no hay más demanda de los periodistas que los hacen?

Hack-insideLas compañías aseguran estar contratando más programadores, y los inversores están ansiosos por respaldar lo que hacen. Todo el mundo quiere más código dentro de sus inventos. Imaginaos entonces una economía en la que las empresas y los inversores quieran periodistas incrustados: “¡Necesitamos hacernos con algunos periodistas!”.

No es tan loco como suena, si nos paramos a repensar lo que hace un periodista. Los periodistas y los programadores no son realmente tan diferentes. En la investigación sobre innovación y noticias que encargamos en el Tow-Knight Center, Nick Diakopoulos destaca su similitud: “Una de las principales razones de ser del periodismo es recopilar, producir y diseminar información y conocimiento... Lo que es quizás más interesante sobre estos procesos es que todos ellos pueden, en teoría, ser ejecutados o bien por personas o por computadoras”. El argumento de Nick no es que la tecnología va a sustituir a los periodistas, sino que la tecnología ofrece nuevas oportunidades para las noticias.

Programadores y periodistas generan un valor similar, o podrían hacerlo. Cada uno de ellos le saca sentido a la información. La tecnología aporta orden al flujo de información; los periodistas hacen las preguntas que no hallan respuesta en ese flujo. Cada uno de ellos aporta nuevas capacidades a la gente: funcionalidad (en términos de software) o empoderamiento (en términos periodísticos). Pero los programadores no producen productos, sino que más bien producen capacidades: tu capacidad para conseguir lo que quieres. ¿No debería de hacer lo mismo el periodismo? ¿No deberíamos de enseñarles a hacerlo?

Imaginad un universo perpendicular en el que una organización o comunidad dice: “Necesitamos a alguien que nos ayude a entender esta información, que pueda añadirle contexto o encontrar y aportar las piezas que faltar, o presentarlas de un modo que la gente las entienda, como una narración o una visualización. Tenemos que hacernos con un periodista”.

Resulta que nuestros alumnos de periodismo emprendedor acaban de tener el placer de escuchar  a Shane Snow, de la startup Contently. Ofrece un servicio a compañías (marcas, en concreto) que se están haciendo la pregunta que acabo de plantear. Las marcas, ¿acaso no lo sabéis?, se están convirtiendo en los medios. En lugar de colocar sus anuncios en torno al contenido de otros, las marcas están poniendo contenido alrededor de sus anuncios. Contently les deja buscar entre los perfiles de sus 4.000 escritores y usar su sistema de reputación para encontrar al autor, community manager, creador de vídeo o genio de la infografía que le convenga. Contently también se ofrece para gestionar esas tareas.

¿Pero no es eso simplemente relaciones públicas, trabajar al servicio de una marca? No, dice Shane, porque Contently aporta escritores que hacen contenido que el público valora, en lugar de crear el mensaje que quiere difundir la compañía. Es más bien parecido al modelo de los culebrones televisivos, o a la serie Doctor en Alaska: P&G la financió para tener un lugar en el que colocar sus anuncios. Ahora las marcas están haciendo eso en internet. YouTube, también, está financiando la creación de contenido independiente (sin poseerlo), sólo para que la gente tenga más material bueno que ver allí. La publicidad todavía subvenciona el contenido, pero la gallina y el huevo están intercambiando posiciones.

Curioso que mencione las relaciones públicas. Su papel también está cambiando. Al escribir “¿Qué haría Google?” hablé con Rishad Tobaccowala, estratega de Publicis, y nos imaginamos un mundo al revés, en el que las relaciones públicas existen para representar al público frente a la compañía, no al revés (una profesionalización del Vendor Relationship Management de Doc Searls). Ahora nos encontramos a compañías que buscan esa habilidad. Lo llaman community management, pero es un nombre poco apropiado a no ser que lo entiendas en el contexto planteado por Doc: que la comunidad maneja a la compañía (no la compañía a la comunidad).

Mientras escribía esto recibí la afortunada visita de Kevin Marks, ahora en Salesforce y ex de Apple, Google y Technorati, que me enseña mucho sobre tecnología. Me planteó la comparación programador-periodista de otro modo, argumentando que cada uno de ellos modela el mundo, uno a base de algoritmos y el otro con narraciones (y ambos se enfrentan al problema de la “delineación imperfecta”). Lo llamó la “tensión” entre el narrador de historias y el constructor.

Es un contraste muy clarificador para las escuelas de periodismo. Muchos de nuestros alumnos quieren construir cosas, algo que nosotros fomentamos, pero durante el tiempo que tenemos para enseñar constantemente luchamos para equilibrar  la tecnología y sus herramientas con el periodismo y sus competencias. También hay tensión respecto a lo que construyen: los periodistas se enorgullecen de ser narradores de historias, pero ¿es eso todo lo que deben construir? Quizás construyan visualizaciones de datos (que sí, efectivamente, cuentan una historia, sin narrativa), pero ¿no deberían también crear las herramientas que permitan al público escarbar dentro de su propia información (véase el Texas Tribune) y plataformas que les dejan compartir su información?

Estas nuevas oportunidades han llevado a algunos a pensar que debemos crear al mítico periodista-codificador, al hacker del periodismo que lo hace todo. No estoy tan seguro de que ese unicornio exista en la naturaleza. Sí, puede que haya algunos, es posible que existan. Pero no creo que los periodistas se tengan que convertir en codificadores para sacar provecho de las nuevas tecnologías. Necesitan saber cómo trabajar con los programadores, cómo diseñar y modificar y usar esas herramientas. Necesitan entender y aprovechar las oportunidades.

También necesitan una cultura diferente. En lugar de vernos como los creadores (y propietarios) de productos (contenido), ¿no deberían los periodistas, al igual que los programadores, verse como suministradores de servicios, como constructores de plataformas, como los agentes del empoderamiento de otros? Así es como se ven los desarrolladores. Construyen cosas, sí, pero ya no envueltas en plástico. Construyen herramientas que la gente usa, añaden valor a la información que producen. Los periodistas, además, han estado hablando en nombre de la minoría, pero tal y como me señala Kevin Marks, ese rol lo está asumiendo la red cuando la minoría puede hablar por si misma. Aún así, utilizar nuevas herramientas para ayudarles a hacerlo tiene valor. ¿Es eso nuevo periodismo o nuevas relaciones públicas? ¡Glups! Depende de quien llegue primero.

Así pues ¿dónde encajan los periodistas en el mundo? ¿y qué les enseñamos?

Bueno, empezamos por enseñarles lo que mi decano llama las verdades eternas: rigor, imparcialidad, totalidad. En ello va implícito un sentido del servicio, y dado el empuje de la red necesitamos considerar cuál es nuestro servicio fundamental.

Necesitamos enseñarles a recoger información, a buscarle sentido, a presentarla y, sobre todo, a complementarla con reporterismo. Pero hay muchas formas nuevas de hacer eso, así que ya no sólo enseñamos reporterismo, sino también competencias relacionadas con los datos.

Les enseñamos a construir, sí, historias, pero ahora en más formatos y también mucho más que historias: herramientas y plataformas.

También les enseñamos a construir negocios. Les enseñamos sostenibilidad.

Les enseñamos a meterse en sus comunidades, pero ahora digo que necesitamos hacerles ver que ellos son parte de esas comunidades, no ajenos. Ya no podemos vernos en el centro, acaparando la atención de todo el mundo, sino al margen, sirviendo sus necesidades, aportando a las comunidades una organización elegante. Esto es algo difícil de enseñar. Desde que empezamos lo que llamamos periodismo interactivo (no “nuevos medios”) en CUNY he luchado para  que los estudiantes tengan un público con el que interactuar. Una manera de hacerlo es The Local, con The New York Times, pero necesitamos encontrar más fórmulas.

Si tenemos en cuenta la percepción del mundo del programador, entonces necesitamos enseñar a los periodistas a encajar en el mundo de manera diferente, a extender sus habilidades y valor (y valores) a otras empresas, instituciones y comunidades, en lugar de hacer que el mundo venga a nosotros en busca de periodismo: ¿quiere reporterismo, edición, encontrar sentido a algo, empoderamiento, un poco de organización, de narración, algo de medios...? “¡Necesita un poco de periodismo!”

Por supuesto, a los periodistas les preocupará que cuando trabajen para otros pierdan la independencia que les han dado las instituciones periodísticas (mientras eran monopolios ricos). Es una preocupación razonable. Pero, de nuevo, pensemos en el programador que llega con sus capacidades a una empresa pero que aún así tiene que decidir si esa empresa le merece. Pensemos también en cómo los programadores trabajan en código abierto para difundir su valor (y multiplicarlo) entre quien quiera usarlo. No son dueños del código de la manera en que nosotros creíamos que éramos dueños de las noticias. Ellos lo difunden.

¿No deberíamos nosotros difundir el periodismo más allá de nuestros muros, no sólo como un conjunto de capacidades, sino también como una forma de ver el mundo, haciendo que la gente perciba y genere demanda por el valor de la información precisa y fiable (“la confianza es el nuevo negro”, dice Craig Newmark), organizada, contextualizada, etcétera? ¿No deberíamos de querer incrustar el periodismo, del mismo modo que los programadores incrustan el código? Entonces no sólo enseñaríamos a los periodistas a ir a trabajar a organizaciones de noticias (o crearlas), sino también a organizar noticias en otras partes. Si se puede hacer y cómo es algo que estoy empezando a plantearme...

/pensandoenvozalta

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Un artículo muy interesante...visto desde esa tribuna !

Mark de Zabaleta

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